Pimpollo, el ‘ojo privado’

Edinson ‘Pimpollo’ ve con un solo ojo lo que los demás no ven con los dos ojos, o que no quieren ver, en las calles neivanas donde identifica y clasifica todas las modalidades del crimen popular.

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Cosquilleros, apartamenteros, fleteros, microtraficantes de armas (granadas, pistolas, puñales) vendedores de cocaína y bazuco, falsificadores de documentos, adulteradores, violadores de derechos de autor, mecheros, inhaladores, sicarios, tahúres que de día juegan y de noche hacen de las suyas, proxenetas y tratantes de personas, atracadores, explotadores, homosexuales y sapos, que se mueven campantes por el centro de Neiva.

Conforman una especie de sociedad urbana paralela y poco ortodoxa, que se muestra activa, competente (practica el soborno), ante la mirada al parecer limitada de ‘Pimpollo’ por causa de una extraña deformación física del rostro, al parecer hereditaria y que en tales condiciones  no soporta una intervención de cirujano plástico para una eventual corrección.

Los pronósticos de los especialistas médicos criollos consultados a través del tiempo así lo indican para su infortunio. Los costos de la aplicación tecnológica en salud para su caso, inhiben el remedio, por razones obvias. Esa característica fisiológica a la vez despierta sentimientos de compasión y de solidaridad en sus amigos y familiares, aunque más de parte de los primeros.

Su exótica figura genera al mismo tiempo confianza en sus interlocutores ocasionales y en aquellos que frecuenta en los sitios alejados al caer la noche, cuando las penumbras se apoderan de la ciudad y crean un ambiente propicio para el crimen. Nuestro personaje invitado de honor a la presente página, combina sus relaciones ‘públicas’ ocasionales con tareas humildes en apariencia: mediante permanentes trabajos de reciclaje engruesa una jugosa cuenta bancaria, aunque no lo parezca en desarrollo de una primera impresión del observador desprevenido y orgulloso.

En los bajos fondos de Neiva, Edinson oculta su condición detectivesca, esa misma que en la cultura estadounidense de inteligencia se cataloga como un ojo privado (the private eye). ‘Pimpollo’, por su parte, recorre la ciudad de día y de noche, y ahora se muestra asombrado por el desplazamiento de la industria delincuencial hacia el camellón de la 14. Sin embargo, puede tratarse de una mirada parcial como quiera que responde a los últimos años de su trasegar impenitente en un área céntrica que se traslada hacia el norte con serios impactos sobre la densidad poblacional en virtud de las grandes superficies y de las viviendas multifamiliares.

Su figura no llama mucho la atención, pese a que su rostro es lo más parecido a una máscara donde se podría camuflar la personalidad del informante de la prensa, pero en realidad esa silueta esconde una deformidad con origen en su genoma humano, sin posibilidades de variación. Posee un ojo semiapagado que le otorga una aparente discreción ante el movimiento circundante, en medio de ese ajetreo oloroso a torcido coronado, a vuelta exitosa.

Esa fisonomía un tanto limitada lo convierte en un confesor sumamente confiable para muchos bribones que lo invitan a beber para contarle el resultado de sus fechorías, incluso a veces con muerto de por medio... Como bien se sabe, Neiva está en manos de bandas de antisociales jóvenes y adultos temerarios para los que las reglas y el concepto de autoridad no existen, pues en el fondo no hay quien las aplique, prevalido de la autoridad moral para hacerlo.

Edinson ‘Pimpollo’ enriquecería la imaginación del más grande libretista de cine y televisión con miras a identificar el accionar de semejantes círculos irregulares, y la sensación de aparente normalidad, más bien de tensa calma que se percibe en el ambiente de la capital del Huila, donde hasta hace relativamente poco -algo que queda para la historia conductual nativa-, se podía dormir con la puerta abierta…