Carne de cañón

Los niños ponen ahora –parece que sucede desde siempre, a través de la Historia- una alta cuota de sacrificio, de sus vidas e integridades.

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Son los neonatos, igual que los menores de edad en la generalidad, como materia disponible para múltiples desmanes y para pasiones innombrables, inconfesables. Si, por azares del destino, o por algunos extraños designios, les va relativamente bien en sus desgracias, la sociedad estima que salen bien librados, bienaventurados, hasta indemnes...

Ese concepto prevalece aún en este tiempo, cuando el castigo de esos crímenes registra agravantes e interdicciones nunca antes vistos y, sobre todo, sanciones sociales de múltiples efectos tanto para el agresor como para sus sus círculos familiares y sociales. No obstante, existen sectores complacientes para con los agresores encartados (un mínimo porcentaje de la criminalidad sexual estimada en el país), incluso dentro de la misma justicia y del poder público-privado, cuando las inocentes víctimas puestas bajo su amparo legal y su protección correctiva sólo sufren una agresión sexual, eventual o permanente, algo que es considerado venial, mínimo, en el contexto de una sociedad enferma, pacata, farisea como la nuestra.

Hemos dado con madres, aparentemente desnaturalizadas, que afirman que a los niños y a las niñas -podría tratarse de sus propios hijos-, les gusta que los violen y los maltraten. En esos actos de repetición histórica puede radicar la impunidad calculada en el territorio y en la geografía criolla, en el país ‘del Sagrado Corazón’. No es exagerado señalar que desde la propia cuna, a los infantes los martirizan y, si llegan a viejos en su condición de mayorías generacionales, de relevo, son una excepción cada vez más significativa en lo relativo a la no presencia de traumas ni taras.

Hasta el gobierno Duque los fumiga como cucarachas en los bombardeos de la fuerza aérea para luego ante el mundo sacar pecho por esos crímenes de guerra, denunciados por el senador Iván Cepeda, del Polo Democrático Alternativo en el Congreso de la República. Los hechos serán comunicados, con lógica posterioridad al debate de censura previsto en el Senado, ante el seno de las Naciones Unidas, de acuerdo con varios anuncios políticos registrados en la bancada de oposición, a la que pertenece el informante.

Analistas independientes, que prefieren el anonimato, creen que pese a la influyente derechización política surtida en buena parte del mundo, ésta reacciona tambaleante y se muestra agónica en virtud del ritmo de cambio impuesto al contrato social del globo por factores ajenos a su competencia, tales como la pandemia, el cambio climático, la migración, la crisis insalvable, el conflicto, las amenazas y los riesgos ambientales salidos de madre, la manifestación terráquea, telúrica, sin posibilidad de una eficaz gestión institucional, impredecibles en su ocurrencia.

Por el momento, los déspotas reaccionan a través de un baño de sangre dirigido como escarmiento contra sus pueblos, intimidatorio, e impune a la larga, pero en últimas se impondrá el derecho internacional humanitario, en criterio de los observadores. De alguna manera, se confía en una purga de los políticos matones y mafiosos, de sus camarillas y cómplices, como un hecho de fe y esperanza en la Divina Providencia, en los anuncios y efectos proféticos insobornables.