El coro de los embusteros profesionales

En la medida que el gobierno Duque enmelota de mermelada a los medios de comunicación de mayor penetración en el país, el efecto de ese alineamiento perverso de los periodistas y de sus jefes con el sistema, se traduce en publicidad engañosa, de una...

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 Aunque siempre se dijo que los asuntos estatales falsarios obedecen más a una propaganda dirigida, tipo hitleriano en su naturaleza, de persuasión y de sugestión infame, aquí nos colocamos ante un asunto publicitario, de mera venta, con carácter repetitivo: se venden productos falseados en su contenido (la realidad adulterada) y nocivos, cuando de tragarlos enteros se trata. Para el  Ejecutivo, todo es un negocio en camino de crecimiento, de subidas considerables del Producto Interno Bruto, PIB. Así mismo, la comunidad receptora de los mensajes ‘institucionales’ no posee los suficientes elementos formativos en dirección al conocimiento de contenidos elusivos; al uso de  habilidades para desarrollar el sentido de las proporciones, para distinguir entre verdad y mentira, para entrar en contexto y en propiedad. Tampoco, ejerce el sentido crítico sobre lo que le muestran, pues no alcanza  a exteriorizar una reacción racional: como parte del concepto de ‘lo público’, su criterio no existe en términos de la realidad que lo afecta a manera de ciudadano en ejercicio.

Una perla nos ilustra sobre el particular: El director de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía Alzate, antes viceministro, igual que posible consultor del gobierno para la adopción de políticas anaranjadas (con la puerta giratoria disponible), predijo, sin inmutarse un ápice, que el país crecerá a una tasa del 7.2 por ciento en 2021. En la práctica, a más de globalizarnos, nos industrializó, nos igualó con eventuales cifras de la China, de EEUU, de Japón, de Europa, y de algunas economías emergentes. Ni el mismo ‘Pinocho’ Duque se atrevió a tanto: apenas sugirió el 7%, apoyado por el DANE, su falaz escudero. Se sabe que en 2020, el país arrojó un crecimiento negativo, de -6%, de difícil recuperación real, en medio de los presentes cantos de sirena. En la secuencia de las noticias más vistas por televisión, se salta de la quiebra a la abundancia, sin pausas aclaratorias, como tampoco posturas editoriales lógicas y científicas (versadas, entendidas, mucho menos). Corren ríos de leche y miel, al mismo tiempo que la incertidumbre se entroniza en el ámbito socioeconómico.

En el fantasioso medio colombiano no es posible distinguir entre propaganda y publicidad, como tales. La propia metodología de la opinión pública que se maneja en la actualidad informativa desde las altas esferas es aplicada con una cierta delicadeza mañosa mediante una suerte de genios diabólicos, sin identificar plenamente, curtidos en el engaño de los receptores desprevenidos. Sus habilidades son tan recursivas, desde lo más poderoso de la pirámide social, que es difícil sustraerse a ese dominio esclavista.

Se podría pensar en una colectividad hipnotizada a través de maniobras síquicas encubiertas, de fondo... No obstante, algunos sectores de analistas aseguran que no queda ya más campo creativo para la maldad de los opresores, luego de experimentarse hasta lo imaginable, hasta lo más humanamente posible.