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Me divierto más…viendo peluquear!

Inicio este chuzo grafiado de hoy acordándome de lo divertido que me resultó siempre lo que para los de hoy  creo  sería algo así como “un oso”...

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Por: Armando Aldana 09 Marz 2020

Por: Armando Aldana

09 Marz 2020

Inicio este chuzo grafiado de hoy acordándome de lo divertido que me resultó siempre lo que para los de hoy  creo  sería algo así como “un oso”, el tener que levantarme de niño todos días después de que doña Teodomina con cuidadito me despertara y con agua´epanela el cachumbo me peinara, para luego echarme al hombro el morral de los cuadernos e irme por el camino rial a amasar barro con los pies descalzos y los grulla en la mano.

Había que hacerlo así pues el fango se lo devoraba a uno casi hasta la rodilla, ubicada un poquitico más abajo de donde terminaba la manga de los cortos, que sin nadie haberle enseñado, también Doña Teodomina me había confeccionado.

Este delicioso paseo lo realicé entre la finca que comandaba ella con su marido Luis Enrique y la escuela que dirigía la única profesora que en el entonces enviaban y que tenía que hacer rectora, bibliotecaria, coordinadora, psicóloga, y profesora de todas las materias, una dama de nombre blanca en la vereda Mesitas del Municipio de Garzón en mi querido Huila,  la misma que me mandaba todos los días a un monte que quedaba al lado de la escuelita en un voladero o abismo…a llevarle varitas de rastrojo para cascarle en la mano a los más distraídos y cerraditos de la clase entre ellos mi a hermana Betty.

 Era un solo salón donde un tablero de madera giratorio dividía a los más pequeños de los más avanzados y donde curse los primeros tres años de mi primaria que llaman pues al irme siguiendo el espejo que me llevó a vivir al  pueblo, terminé haciendo el cuarto en la escuelita del barrio Veinte de Julio y el quinto en la Central de Vaaaaronessss…. donde fui bajado literalmente a pata de un pupitre por el Profesor Vieda, quien me encontró subido en él dejándome llevar por primera vez de la guachafita del salón y participando del tradicional boleo de almohadilla.

Creo y estoy seguro que fue el único y más grave episodio negativo que he cometido en mi aún corta vida,  pues con esos dos patadones, una que otra trompada, correazo o pellizco torcido de mis padres… tuve para formarme recto, en esas  épocas en que éramos como más sanos e inocentes y donde nadie le hacía nada a nadie o por lo menos teníamos en nuestros entornos menos porquerías que hoy. 

Por eso ahora cuando hago comparaciones y viendo en lo que nos estamos convirtiendo, se me viene a la mente la frase que le aprendí a mí ya fallecido compañero en H. J. DOBLE K, Néstor Montoya: ME DIVIERTO MÁS…VIENDO PELUQUEAR!.

 


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