Elección de rector en la USCO: Se necesita algo más que un tapabocas

El voto en blanco es la opción de la decencia. Y la vía legítima para rechazar un proceso viciado, no de ahora sino de siempre, porque no es más que una simulación de democracia.

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Todo parece indicar que habrá consulta electoral para la designación de rector en la Universidad Surcolombiana, el 18 de marzo próximo, después un largo periodo de encargo, prolongado en parte a causa de la pandemia. Y pese a varios y serios  reparos, lo más conveniente es realizar la consulta, no solo para superar el estado de interinidad administrativa, sino para cerrar el camino a las pretensiones de algunos consejeros superiores de nombrar a dedo un sucesor en propiedad.

Con la reanudación del proceso electoral, según la decisión reciente del Consejo Superior Universitario, se revive un debate que ni el Covid-19 pudo conjurar. Por el contrario, la suspensión pudo haber sido una oportunidad para la recomposición de fuerzas en los grupos de poder que pugnan por el control de la abultada nómina por contrato temporal, y el no despreciable presupuesto de 168.408 millones correspondiente a la vigencia de 2021, incluido el plan de inversiones. Según informó la USCO, los candidatos, y las reglas del proceso electoral serán las mismas aprobadas por el Acuerdo 043 del 19 de marzo de 2019, y será presencial.

No digamos mentiras. En mayor o menor medida, el control del presupuesto, la nómina y los contratos, son el interés central de quienes aspiran a ocupar el cargo de rector, y el de los que sirven a ese propósito, los llamados equipos de campaña.

Así el secretario General, Alberto Polanía Puentes, afirme que todo está en firme, lo cierto es que persisten los reparos sobre la forma como se designó la terna de aspirantes, incluso sobre las calidades éticas para ejercer el cargo. No puede olvidarse que gracias a una conversación grabada que se filtró a los medios de comunicación, la opinión pública conoció de las presuntas presiones que ejercieron dos consejeros del Superior: el representante del Consejo Académico y el de los egresados, y una aspirante al cargo; presiones dirigidas a coaccionar el voto de los profesores ocasionales.

El regreso del señor Leonel Sanoni Charry a ocupar la representación de los decanos en el Superior, ciertamente es desalentadora y preocupante. Él es uno de los implicados en la descarada conversación. No se explica cómo logra conseguir el apoyo de sus colegas, sino es por la vía de las maquinaciones políticas y administrativas.

Esa forma indirecta, en la que es el Consejo Superior Universitario el que define por quienes se puede votar, la forma como se deciden los requisitos y se califican las hojas de vida, ha sido y será siempre rechazada por amplio número de personas de la comunidad universitaria, que ven en ese berenjenal leguleyo, no sin razón, la intromisión de intereses políticos partidistas y de lucro, ajenos a los fines institucionales. Ha sido reacio a cambiar esa situación un Consejo Superior controlado por los gobiernos nacional y regional de turno, en perfecta manguala con sus agentes internos, porque por desgracia, algunos académicos no son un dichado de virtudes y ceden más fácil de lo imaginado al poder y al dinero.

La larga pugna entre quienes defienden la autonomía universitaria sin cortapisas y el gobierno, cuando no las mafias, ha llevado a la Institución a largos pleitos judiciales, por cuenta de los cuales seis rectores han sido destituidos por el Consejo de Estado. Hechos que erosionan la credibilidad y legitimidad de la USCO, famosa por esos litigios en el contexto nacional.

Agreguemos que si bien la decisión de reanudar el proceso de forma presencial y tal como quedó definido antes de la pandemia, si bien es mayoritaria (siete votos de nueve), de ella se apartaron los señores Roque González, ex rector; y el estudiante Humberto Perdomo. Todo este asunto, por más discrecionalidad que se alegue, es un asunto público, y bien harían González y Perdomo en comunicar sus razones.

Profundizar la democracia en la universidad, siempre ha sido un anhelo de los sectores más progresistas de la sociedad. Hubo un avance desde la redacción y aprobación del Estatuto General de 1994, proceso en el cual este columnista participó en calidad de secretario ad hoc, tras un largo debate. Pero más pronto que tarde, encontraron la  manera de frustrar esta aspiración de la comunidad: el ejercicio de la democracia directa, al que desde luego, no se ha renunciado.

Aparte de las diferencias conceptuales y prácticas sobre democracia y autonomía universitarias, de los asuntos legales, incluso criminales, en los que se ha incurrido tras casi tres décadas de la reforma, se suman en esta coyuntura, dos asuntos importantes: uno, que la decisión de adelantar de forma presencial la votación, podría dejar sin oportunidad material de ejercer ese derecho a un número indeterminado de integrantes de la comunidad universitaria, en particular estudiantes, dispersos en Neiva, el Huila y otros departamentos por cuenta de las restricciones de la pandemia. ¿Ha hecho este cálculo la Institución? Porque el asunto no es sólo cumplir con los protocolos sanitarios. Se había prometido un sistema virtual, electrónico, pero, la administración ha informado la imposibilidad de cumplir por “falta de tiempo” para implementar el sistema.

Y dos, que la comunidad estudiantil, con toda razón y derecho, persiste en la conquista de la gratuidad universal de la educación superior, aspiración que no desligan por completo del asunto electoral.

En esa dirección avanza la preparación de un Encuentro Estudiantil Surcolombiano, programado por el Consejo Estudiantil de la USCO para el 25 y 26 de febrero, que discutirá lo temas ya referidos: matrícula cero, financiación de la universidad, la convocatoria de una constituyente universitaria y la reforma del manual de convivencia.

Así las cosas, realizar la consulta este 18 de marzo próximo, va a requerir algo más que el uso de tapabocas: superar las componendas, el clientelismo político, el autoritarismo gubernamental, la corrupción.

En ese contexto, el voto en blanco en la jornada del 18 de marzo, es la opción de la decencia; una forma legal de materializar el disentimiento y la inconformidad de los votantes. Aunque se espera una mayor abstención que en pasadas consultas, la esperanza está puesta en lograr con el voto en blanco la votación necesaria, para obligar la reforma del proceso.

A un mes de su realización, la realidad monda y lironda, no es como la pinta la administración interina en la USCO. Temas históricos no superados y la actual coyuntura, no pueden simplemente soslayarse. Y debió, durante el periodo en que estuvo suspendido el proceso (dos años), emplearse a fondo para superarlos.