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Opinión

La humildad del pesebre

Llego la navidad y de todas las tradiciones de diciembre la más autóctona, como costumbre en nuestros abuelos y tatarabuelos lo representa el nacimiento del niño Dios, en un humilde pesebre.

La
Por: Miguel de Leon 21 Dic 2020

Por: Miguel de Leon

21 Dic 2020


Con su establo, su mula y su buey, sus ovejas y pastores, sus reyes magos, con San José y la Virgen, con su niño Jesús en su cuna de paja y demás detalles que nos enseñan el valor de la humildad y la opción siempre por los pobres. Por encima de lujos y ostentaciones de oropel, nos enseñe el valor de ser, la sencillez del nacimiento, no recuerda el hacer y convivir como hermanos, con verdadero sentido de humanidad. Por eso, está claro, que Santa Claus, san Nicolás, el árbol de Navidad, son elemento del lujo y la suntuosidad de una cultura distinta a la nuestra, pero que gracias a la publicidad y los medios de comunicación, se han venido imponiendo en este último mes del año.

El sentido del pesebre y su complemento, la Novena de Aguinaldos es conmemorar los nueve días previos al nacimiento de Jesús y esperar con infinito gozo su nacimiento, el 24 de diciembre. Y este evento hermoso, está acompañado por una historia para resaltar. La narrativa cristiana cuenta que fue en el siglo XIII cuando San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza,  inicio la costumbre de representar el nacimiento de Jesús por medio de figuras.  La idea de representar con figuras el nacimiento de Cristo le surgió a San Francisco de Asís durante un viaje que hizo en 1223 a la gruta de Belén, sitio donde nació el Niño Jesús. San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, representó el primer Belén en una cueva próxima a la ermita de Greccio, Italia, el 25 de diciembre de 1223. Desde entonces, la Virgen María, San José, el Niño Dios, los tres reyes magos, los pastores, la mula y el buey se convirtieron en los protagonistas del pesebre.

Y la esencia del mismo, lo propuso el propio santo, cuando les enseño a los hombres de su tiempo (y nos enseña todavía) que la perfección hay que buscarla en el servicio al prójimo (concepto que rescata el papa Francisco), que en la perfecta alegría, aun en las contrariedades el mundo y los dolores del cuerpo y del alma, está la libertad; que el respeto a las creencias del otro es el camino hacia la paz. El pesebre era seguir su dialogo con la Naturaleza y a tener hacia ella una actitud de respeto, agradecimiento y convivencia; que el pobre no está en este mundo para redimir la culpa del género humano. Y el espíritu del pesebre de Belén, es hacer realidad una mayor entrega a los demás, una mayor ternura para con los pobres y una mayor respeto a la Naturaleza. 

El pesebre – escribe el  Francisco – “despierta tanto asombro y nos conmueve” porque “manifiesta la ternura de Dios” que “se abaja a nuestra pequeñez”, se hace pobre, invitándonos a seguirle por el camino de la humildad para “encontrarle y servirle con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados”. Para el, el cielo estrellado del pesebre, en la oscuridad y el silencio de la noche: es la noche que a veces rodea nuestra vida. “Pues bien, incluso en esos momentos – escribe el Papa – Dios no nos deja solos, sino que se hace presente” y “lleva la luz allí donde hay tinieblas e ilumina a los que pasan por las tinieblas del sufrimiento”. Igual, Francisco habla, de cómo los pastores nos dicen que son “los más humildes y los más pobres que saben acoger el acontecimiento de la Encarnación”, como lo son las estatuas de los mendigos.

“Los pobres, en efecto, son los privilegiados de este misterio y, a menudo, los más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros”, mientras que el palacio de Herodes "está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de la alegría". Nacido en el pesebre (afirma Francisco) Dios mismo inicia la única verdadera revolución que da esperanza y dignidad a los desposeídos, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura". Es una interpretación bella y poética, que nos recuerda la esencia de estos días y no es justamente la suntuosidad y la ostentación del arbolito de pino y el santa Claus pagado por Coca Cola, sino la humildad y el respeto por los demás, del pesebre de San Francisco de Asís.

 

 

 

 

 

 


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