La culpa no es de los políticos

No es injerencia. La injerencia ha sido y es un recurso discursivo para culpar a los politiqueros externos de los males de la Universidad y encubrir la adopción y aplicación de sus prácticas por buena parte de la dirigencia universitaria, docente y estudiantil.

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Con excepciones muy notables, buena parte de los nuevos líderes docentes y estudiantiles en la Surcolombiana se dedicaron a buscar el poder para convertir la Universidad en su nicho para hacer clientelismo, mediante su variante universitaria, el amiguismo. Y por esa vía destruyeron procesos, que en la academia solo se construyen en el largo plazo: los lazos con el entorno se perdieron y la investigación hoy se hace sobre problemas irrelevantes para la región, el país y sus necesidades, y regularmente es repetitiva.

Así que no se le puede echar la culpa de la crisis actual de la Usco a los politiqueros, que lo son y de muchos problemas, pero en este caso el problema ha sido creado y alimentado por sus propios miembros, por sus representantes en ese organismo perverso que es el Consejo Superior, por el que se pelean su membresía esos nuevos líderes, no para hacer lo que deberían hacer, y que cuando no lo son o dejan de serlo, lo repiten con insistencia, sino para hacerse al  poder  y sentirse con él. Ejemplo de lo anterior es que los responsables de la crisis actual son esencialmente y en mayor grado los representantes de los estudiantes, de los profesores y de los decanos, en ese organismo, y luego, en menor grado, el representante de los egresados; o sea, los representantes de los estamentos universitarios, que han sido los promotores de las decisiones tomadas y que han conducido al actual estado de cosas; repito, sin exculpar a los otros miembros que han sido cómplices.

Tampoco el problema es falta de democracia; al contrario, en la Universidad alguien acuñó el término Democraterismo para denominar ese vicio de discutir indefinidamente los temas y llevarlos y traerlos de organismo en organismo para, al final, no tomar decisiones relevantes, importantes, impostergables. Y existen los suficientes organismos formales e informales para discutir ampliamente todos los temas; el problema, repito, es que no se llega a acuerdos, por el vicio interesado de postergar todo para que nada cambie, para que todo siga igual, porque finalmente eso garantiza la comodidad que se vive y las condiciones para seguir siendo y diciendo lo que hace líder al líder, dirigente al dirigente.

Por eso tampoco la solución es que formalmente, oficialmente, se convoque una constituyente universitaria, que ya se ha intentado en el pasado y no prosperó por el vicio mencionado de la discusión eterna. Sí es prioritaria una restructuración completa de la Universidad;  de eso no hay duda; es lo que hay que hacer; pero no es como se ha intentado ni por la vía de las representaciones manidas y desgastadas de los que solo les interesa el poder para hacerse conocidos y proyectarse con fines politiqueros; es con académicos comprometidos y serios, que los hay y muchos, que no tengan intereses más allá de defender y proyectar en serio la Universidad.

Por último, este es un ejercicio que los defensores de la crítica denominan autocrítica, que creo hace mucha falta en la Universidad, y que consiste en pensar en la posibilidad de que el equivocado sea el sujeto de la crítica, y no siempre los objetos, a los que se les ubica, además, por fuera del entorno o el nicho del crítico. Aclarando que ello no exonera a los responsables externos, políticos de distintos pelambres, de lo que hacen en o por la Universidad con intereses particulares, no académicos o sociales.