El ejemplo de Jesús, el ejemplo de la entrega

Jesús es originario de una región que vivía (y vive) en una situación de opresión, en donde la verdadera dependencia era cultural y religiosa.  La familia de Jesús pertenecía a los piadosos de Palestina, observantes de la ley religiosa y de las sagradas tradiciones. 

alt=


Ellos iniciaron a su hijo mayor en la gran experiencia de Dios.  Experiencia grandiosa que muchas veces opaca sus orígenes humildes, la trayectoria histórica del verdadero Jesús que anduvo entre el pueblo recorriendo los villorios de Galilea y que murió miserablemente fuera de la ciudad de Jerusalén. La profesión de San José, el padre de Jesús, era tanto carpintero como techador, trabajaba en la construcción de casas.  Es decir, su familia era diferente, eran artesanos en un medio en donde la economía se basaba en la agricultura y la pesca. Igualmente,  no olvidemos que pertenecían a los piadosos de Israel, observantes de la ley y de las meditaciones, vivían a la luz de la palabra de Dios. 

En un tiempo de opresión política y religiosa, este ambiente familiar será una verdadera escuela para la vida.  La lectura de los libros sagrados lleva a interpretar la vida y la historia en la experiencia de Dios.  Ya en su edad adulta Jesús continuará las enseñanzas de Juan Bautista, pero a su manera. La llegada de Jesús a su mundo en decadencia plantea un nuevo orden, que se resume fundamentalmente así: “a) El Reino ansiado por todos se ha aproximado, b) Hay que acogerlo por la fe en esta bella noticia y por la conversión, c) Porque su irrupción es eminente, d) Y es para la salvación de los hombres, especialmente los pecadores, e) Porque Dios es un Padre de infinita bondad que ama indistintamente a todos, inclusive a los ingratos y malos, prefiriendo a los pobres, a los débiles, a los pequeños y a los pecadores, f) Todo esto está condicionado a la adhesión a Jesús, anunciador, realizador y anticipador del Reino, del perdón y de la salvación” (Leonardo Boff, Teólogo). 

Este mensaje de liberación, Jesús lo comunica con su palabra libre (realizadas a través de  parábolas y de historias reales) y sus acciones liberadoras.  Palabras y acciones lejanas del Dios de la Biblia, distante y rígido.  El suyo es un Dios basado en el amor y la libertad. Sin embargo, parece que ni siquiera la misma Iglesia lo entiende así; no son capaces de  proteger lo que no se sabe que se tiene, eso está claro, pero a nosotros nos parece mucho más complicado proteger aquello que no se comprende. Y un ejemplo claro de esto, es entender que  toda la vida de Jesús está basada en el signo de la entrega: Judas lo entrega al Sanedrín, el Sanedrín lo entrega a Pilatos, Pilatos lo entrega a los soldados y éstos lo entregan a la muerte. Finalmente, Dios mismo lo entrega a su propia suerte y muere abandonado (“¿Dios mío, por qué me has abandonado?"). 

Y si Jesús se entregó sereno, ¿qué sentido tendría su muerte? “El mismo que dio a su vida.  Entendió la vida no como algo para vivirse y disfrutarse para sí mismo, sino como servicio a los demás” (Leonardo Boff).  Y ese es el ejemplo; la redención se realizaría mediante el amor que pasa por las obras y que nace de una fe confiada en Dios.  En Jesús se encuentra la identidad cristiana, no sólo en los ritos y las tradiciones.  Porque vivir la cruz que encarna la semana santa implica una mística de vida y una entrega basada en el sufrimiento, en hacer el bien y en transformar las relaciones humanas a través del perdón.