Una pintura que asume el impulso del azar

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Crónica de una visita: Gustavo Bermeo expone sus últimas obras en Garzón.

Por Miguel de León

Día de visita al Llano de la Virgen, cerca de Altamira. Los vientos de agosto hacen agradable la caminata desde la carretera hasta la casa de la finca Guasimilla. A la entrada, el pintor acurrucado sobre los cuadros recién desenguacalados, los mira con cara turbada, me ve y sus palabras salen afligidas de su boca: “Imaginese, despues de cuatro años de relaciones amorosas con estas pinturas, las recibo maltrechas, desvensijadas, como si regresaran de una batalla. Las recibo enamorado pero con tufillo triste, pero manejable..” y va mostrando las heridas que tiene cada pieza. Era su primera exposición individual en Neiva despues de 25 años  y quería hacerla memorable, pero se siente triste.

 

Me invita a entrar y difrutar del silencio de la amplia casona. A un lado, una puerta de madera se abre y el pintor me dice: “Hoy es domingo, dia hábil para considerar las aves, de la libertad que compartimos con ella y juntar en el acto de pintar, momentos de vuelo y arrebatos de cuadros para colgar en una pared y por ahí, nosotros los pintores, aludir asomados a la claridad de los objetos como emblemas de un sentimiento y regalar alegres destellos a cada convidado, por eso, maestro Miguel, bienvenido a mi humilde taller” y sonríe timido y a mi me asombra tanta poesía en voz alta, en una persona de por si bastante callada. Y uno entiende su efusión al ver ese espacio cálido, cargado de colores y pinceles, de obras acabadas y algunas no tanto.

 

Y no deja de resultar extraño, conocer un taller de pintura contemporanea a 150 kilometros de Neiva. Y sobre todo saber, que Gustavo Bermeo estudio artes en la Universidad de los Andes pero antes de terminar se vino a ponerse al frente de su terruño familiar. Al preguntarle por ello, me habla  “de los vasos comunicantes que hablan del universo de las imágenes plásticas con el universo de los creadores de imágenes que han recopilado a lo largo de sus vidas influencias merecidas y realidades vividas”. Y uno se lo imagina encerrado en ese taller pintando piezas, que no caen en el facilismo del arte realista y uno recuerda el viejo ejercicio que rescato para el arte Henry Matisse, de recortar pedazos de papel y armar una composición con esos recortes. Solo que lo de Bermeo es una imagen de su niñez muy presente en el momento de pintar.

 

“Para la construcción de mi obra, me apoyo en las influencias desde por ejemplo, mi intuición en mi niñez con unas tijeras recortando las siluetas de las imágenes con la promesa de que si lo lograba, esta adquiriría movimiento. Y en la anología que surgia a través de esos recortes, puedo luego, poner un color rotundo sin las aristas del pincel y ser una parte única y total del diseño en la plantilla” y eso es lo que hace. Parte de recortes que va armando en una composición totalmente independiente de la comprensión racional, por que solo se detiene cuando la impresión de contemplar el resultado sale con las emociones de las formas y los colores.

 

Por eso, el nombre de la exposición presentada en Neiva; “Iconografía del azar” y que quizo presentar como un homenaje al proceso mismo del acto de pintar, como una forma de acumular espacios y dimensiones que se van aglutinando en formas y colores que convergen en el azar que solo el artista puede disponer. Afirma pausadamente, “el surrealismo florece desde que se asume el impulso del azar” y uno mira esas pinturas de gran formato, de colores puros y llenas de un simbolismo extraño y le pido una definición de esa obra poco entendida en una ciudad que oscila entre paisajes bucólicos y desnudos apagados; “Es darle gusto por ver la oscilaciones de las formas a intercalarse en las supersiciones de los planos, agrandando su nivel de significado formando otro todo; la totalidad del soporte”.

 

Bermeo me muestra troqueles y plantillas, con los que trabaja, miramos el resto de la casa y salimos al corredor a mirar la luz de ese domingo que cae perezosa sobre el Llano de la Virgen. El labrador reemplaza al pintor y Bermeo me regala una bolsa de frutas “para el camino”. Y uno entiende lo vasos comunicantes de la vida y el arte, del oficio y la amistad. Y despues de un abrazo, regresamos a mirar la otra realidad; el rastrojo que la corrupta Aliada llama carretera central y  que me llevara a Neiva.


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