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Abelito el Chiquirindonga, el hombre dorado de Oporapa

Transitando carreteras serpenteantes propias de nuestra geografía nacional, termine conociendo el municipio de Oporapa, ubicado a algo más de 4 horas de Neiva, la capital del departamento del Huila; aunque específicamente mi viaje iniciaba desde Pitalito....

Abelito
Por: Mai Editor 11 Marz 2020

Por: Mai Editor

11 Marz 2020

 

Transitando carreteras serpenteantes propias de nuestra geografía nacional, termine conociendo el municipio de Oporapa, ubicado a algo más de 4 horas de Neiva, la capital del departamento del Huila; aunque específicamente mi viaje iniciaba desde Pitalito, ubicado a una hora de ese municipio conocido como el ‘Pesebre del Huila’ y cuyo curioso nombre tiene origen en Oporaba[1], una de tantas insignes mujeres cacicas que habitaron estas tierras antes y durante la conquista (ocupación) española.

El pavimento sube desde el Valle de laboyos hasta una de las miles de montañas que componen la cordillera central, observándose desde lo alto la senda del rio Magdalena.

Luego el camino desciende, se atraviesa en puente el rio y un nuevo ascenso se inicia hasta que la velocidad se ve forzosamente reducida al toparse con un gran tramo de vía hecho trocha, situación que expresan mis compañeros casuales de viaje es un padecimiento de años y que se mantiene por la corrupción de los gobernantes locales.

Finalmente llegué al casco urbano, y al caminar en sus empinadas calles se observan a lo lejos hondonadas y montañas que dan la sensación de estar en un balcón a 1400 metros sobre el nivel del mar, pero algo particularmente llamativo cautivo mi atención y me motivo a realizar este escrito; era la estatua dorada de un hombre sobre lo que parecía una piedra en la plaza central del pueblo, y dando vueltas alrededor de esta obra no encontré señales de quien o que representaba.

Le pregunté a una joven, Yuradni Ramírez, si conocía la historia de este monumento y me conto que era Abelardo Montealegre ‘Abelito’, un ‘señor de la calle’ muy querido por la gente del pueblo, que caminaba errante sobre un caballo de madera buscando un primo, y que desde hace más de 10 años desapareció, por lo que en homenaje se construyó esa estatua; su relato estaba mediado por lo que otros le contaron, ya que según me dijo, estaba en el colegio cuando conoció la historia y no tenía mayores referencias, así que me generó más preguntas que respuestas. La curiosidad me llevo hasta el señor Juan de Dios Montes, quien estaba también en el parque a su vez conversando con un lustrabotas.

Don Juan me comentó que Abelito había nacido en Oporapa pero que, también caminada por Pitalito, Elías, y Timana, era muy querido por todos, y que tenía problemas mentales.

-Se perdió sin dejar rastro hace como 7 años, no se le conocía la familia, y era muy querido por todos…

Luego me dijo que, para obtener más información, tenía que hablar con uno de los más mayores del pueblo, ‘un señor como de 90 años’ que seguro me daría datos más precisos.

Caminamos hasta un pequeño negocio donde sentado estaba él, don Roque Rojas, un señor de avanzada edad y con una presencia que inspiraba respeto. Me presentó don Juan y le conté a don Roque sobre mi interés en conocer sobre la única persona con estatua en el parque principal del pueblo.

Con una voz pausada pero contundente me narró amablemente que Abelito llegó desde Timana y lo acogió una familia de apellido Rúales en un sector de Oporapa conocido como San Roque, continúo diciendo que a él ‘le faltaba espíritu´ (refiriéndose a la discapacidad mental), que no mendigaba ni robaba a nadie y decía que era conservador y que no quería a los liberales.

Chiquirindonga, como también lo apellidaban:

- Andaba con un costal lleno de ropa, la gente se la daba y le daban de comer, y le daban hospedaje a donde quería quedarse, y así andaba, no solamente en Oporapa sino en todo el sur del departamento, pero nadie lo reconocía como de la familia…

Don Roque continúo su relato diciendo que personalmente averiguo que Abelito tenía una hermana en Timana, pero que por temas económicos no logró comprobarlo directamente.

Cuando le pregunte sobre cuando desapareció me contestó que hace algo más de dos años, y sobre los posibles desenlaces comenta:

-Se piensa que se perdió al otro lado de la quebrada el guayabo, por Salado Blanco, quizá se rodó por un abismo, o lo atropelló un carro y se lo llevaron, y como no era de cuello blanco, nadie hizo investigación, nadie se revolucionó a buscarlo, ni las autoridades.

En ese momento un silencio casi triste se apodero del pequeño local; ya era momento de retirarme y con profundo agradecimiento y algo de nostalgia me despedí de don Juan y don Roque.

Dejando el pueblo, pensaba como la curiosidad provocada por aquella brillante figura a mitad de un parque, me había llevado a conocer las versiones de tres generaciones, en cuyos relatos se mezclaba la realidad y la ficción propia ya de personajes como Abelito, que quedan adheridos a la memoria colectiva de un pueblo, y que también se había quedado dentro del pensamiento de un forastero que inesperadamente terminó conociendo una de tantas historias propias del realismo mágico que acompañan lugares como Oporapa, incrustados en las montañas de nuestro país.

Para finalizar esta crónica, descubrí con alegría que la historia de Abelito fue hecha canción gracias al maestro, por supuesto oporense, Julio Molina Chavarro. Aquí les comparto algunas de sus líneas[2].

 

En su caballo de palo

Cargó chiros que le dan

Anduvo por las veredas

En su careto alazán

 

Él fue un ejemplo en el pueblo

A nadie le quito nada

Solo quedan los recuerdos

Las huellas por donde andaba

 

 

 

 

Escrito por: Miguel Vásquez TS

 


 


[1] Referencia de: http://www.oporapa-huila.gov.co/noticias/oporapa-el-pesebre-del-huila-conmemora-su-cumpleanos

[2] Aquí la canción completa https://soundcloud.com/juliomolinacha/chiquirindonga

 

 


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