El oficio de Casagua

Fecha de publicación: 2024-02-10

Interesante el accionar del alcalde German Casagua frente al desorden que registra la ciudad en asuntos fundamentales como la decencia y la civilidad, lo más parecido a una tierra de nadie que recibió de su antecesor Gorky Muñoz Calderón. 

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En convivencia ciudadana la cultura actual es propia de lo que han dado en llamar ‘los cafres’, unos sujetos inescrupulosos en relación con el trato con el prójimo, con el respeto por los derechos ajenos. El reinado de la ordinariez tiene un presupuesto superior al del bambuco –aunque este se declara ahora festival-, y se mide en un consumismo desaforado de sustancias sicoactivas y de bienes suntuarios (a lo mafioso) que al parecer cuenta con muchas complicidades. La codicia está en el trasfondo de esa tendencia criminal absorbente, tal como lo asegura el presidente Petro, en el plano nacional: es un monstruo de mil cabezas, que engulle y devora plata por bultos. Tenemos también aquí en lo local y en lo territorial un escenario que conduce a la derechización de las colectividades y a su negativa a seguir las reglas de la prudencia y del decoro, a observar normas de conducta, en últimas, a consolidar la paz. El contagio se desprende desde las elites criollas, y de un sistema que promueve el statu quo turbio, habilidosamente entretejido.

 

ÁMBITOS DEL ASUNTO

 

El seguimiento a los conductores de motos y carros que beben sin control y circulan ebrios de día y de noche, luego de estacionarse por horas y hasta días enteros en sitios abiertos y cerrados –camuflados-, es una buena señal de la reacción del alcalde Casagua ante los factores de desestabilización y riesgo que identifican en los últimos años a Neiva. Aunque la cobertura de los operativos de tránsito no es completa, se podría pensar en aumentar el pie de fuerza, la presencia de agentes y uniformados, pues sería tal  volumen de contravenciones sancionadas que las multas impuestas pagarían los costos de operación y sobraría presupuesto para financiar el déficit fiscal aparente de la administración pública. La simple violación de las señales de tránsito y de las luces de semáforos, convertida  en costumbre, aportaría un grueso rubro a las finanzas estatales por medio del ejercicio coercitivo, impositivo. El atraso que registra esta capital en desarrollo de la legalidad prevista para centros poblacionales similares de la nación, cada día ocupa más titulares de prensa, sobrepuja estadísticas promedio y es motivo de opiniones y reacciones diversas, en las que se muestran a la par el asombro y la indignación. No obstante, es solo la punta del iceberg. Muchos factores de riesgo concurren a este desenlace comportamental huilense. Al parecer, el alcalde manifiesta sensibilidad recurrente en su discurrir político, algo raro en los jóvenes de la época en tránsito, en apariencia. El almanaque apenas bota sus primeras hojas a la basura…      

 

 

 

Fernando Amezquita

Periodista