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Piedad Bonnett, el alma de una escritora que visitó el Huila

Poeta, novelista, dramaturga, crítica literaria colombiana y un símbolo del empoderamiento de la mujer a través de la literatura. En días pasados visitó Pitalito y San Agustín atendiendo la invitación de la Universidad Surcolombiana y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), para realizar dos conversatorios de la zona sur.

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Explicaciones no pedidas

LAS CICATRICES

No hay cicatriz, por brutal que parezca,

Firma de autógrafos por libros regalados durante el conversatorio.

que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas. 

Poema Piedad Bonnett

 

Impulsada por el deseo de buscar la respuesta a sus grandes preguntas sobre el sentido de la vida y consolidar caminos con el fin de alcanzar sus sueños, Piedad Bonnett decidió escribir poesía como una herramienta educativa para expresar la percepción del mundo en cada uno de sus versos.

La escritora colombiana (1951) nació en Amalfi, Antioquia, un municipio también conocido como ‘la tierra del tigre’ destacada por su riqueza natural, donde la belleza de su gente se refleja en el esfuerzo para una transformación continua de su territorio.

En su hogar se respiraba preponderancia masculina y subordinación de lo femenino, un ambiente de jerarquía que en la actualidad procura no replicar. Durante su adolescencia se caracterizó por la rebeldía que no siempre pudieron encauzar sus maestros, además la particularidad del liderazgo, le permitió crear iniciativas de compromiso social.

Piedad Bonnett, es símbolo de empoderamiento de la mujer en la sociedad colombiana, reflejado en la creatividad de sus escritos que promuevan la sensibilidad para conocer y sobrevivir al mundo que nos rodea.

Ha publicado ocho libros de poemas: De círculo y ceniza (1989), Nadie en casa (1994), El hilo de los días (1995), Ese animal triste (1996), Todos los amantes son guerreros (1998), Tretas del débil (2004), Las herencias (2008) y Explicaciones no pedidas (2011), entre otros.

Es autora de cuatro novelas: Después de todo (2001), Para otros es el cielo (2004), Siempre fue invierno (2007), El prestigio de la belleza (2010) y Lo que no tiene nombre (2013), una obra como memoria a la muerte de su hijo Daniel, que le sirvió como una manera de consuelo, pero también una forma de denuncia al sistema de salud y a la estigmatización de la sociedad frente al suicidio.

Por otra parte, Piedad considera que la situación de Colombia se encuentra en una etapa para abrir nuevos espacios de inclusión y consolidación de la paz, desde el arte y la literatura, “Todos los escritores tenemos la obligación de ahondar en las heridas sociales y sacar a la luz lo conflictivo y lo contradictorio de esta sociedad, creo que tenemos la imaginación al servicio de la sanación, la memoria y el olvido porque si no somos capaces de olvidar, no vamos a saber reconciliarnos”.

La generación de Piedad Bonnett demostró que es posible narrar el contexto de un país desde la literatura, cumpliendo su rol de mujer empoderada, autónoma y con un criterio fuerte. Por esta razón, quiere ir más allá de lo inmediato y demostrar el talento para no permanecer en el olvido.

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