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¿No es mejor argumentar, que asesinar?

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No nos digamos mentiras, el humano recurre a la violencia por la falta del diálogo. Aquí, en el país de las maravillas, suceden actos no tanto violentos, sino inmaduros. En la semana pasada, en Cúcuta y en Popayán (sobra decir qué sucedió porque no tendría palabras para terminar esta columna) se evidenció una vez más la enfermedad que ha padecido este país desde la llegada de los españoles: la polarización.

Hacer política en el país del sagrado corazón es un reto, muchos candidatos—a cualquier cargo que desean llegar—se enfrentan con la desinformación que generan los medios masivos, con las iglesias que bendicen a unos cuantos candidatos por intereses económicos, algunos—no, todos—señalan las ineficiencias de sus opositores en vez de decir sus propuestas, y para terminar, se enfrentan con las personas violentas, que sólo por intereses personales, o de fanatismo, o por un pago, son capaces de asesinar a como dé lugar a cualquier candidato.

Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Jaime Pardo Leal… sólo por nombrar algunos, fueron asesinados por una “minoría” que no desea que este país salga de la caverna, esto sí es persecución política, expresidente Uribe. Y algo para señalar es que nuestro esplendoroso país, está sacando el record con más asesinatos a candidatos presidenciales. Qué alegría que nos conozcan de ésta manera en el continente, qué alegría…

¿Por qué nos cuesta tanto tolerar las diferentes posturas políticas? ¿Dónde están las instituciones de seguridad brindando un servicio eficaz previo a las elecciones? ¿Por qué, aunque nos cueste aceptarlo, no dejamos que Timochenko haga política en el país, no es más preferible verlo echando discursos, que con armas? ¿Cuál será esa política que garantizará la paz de los colombianos?

Reitero, en vez de generar pánico a la civilización, queridos candidatos, con términos que van más allá del límite de la estupidez humana, como Castro-chavismo, entre otras. Preocúpense más bien de convencer con el corazón a la ciudadanía que vote por usted y no le introduzca términos de miedo sólo para generar la atención de los medios de comunicación. Si el lector, que lee esta columna, se encuentra con un candidato que genere sólo miedo con sus discursos exuberantes, es un candidato incapaz de resolver la crisis de este país, que es la desunión del pueblo.

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