Los gamonales y caciques a decidir con el Paper Mate | Opanoticias
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La reforma política deja un sin sabor para las nuevas figuras de la política porque van a decir los mismos de siempre gracias a la misión de reforma electoral creada por el acuerdo de paz hay unos académicos, expertos en transparencia y analistas electorales consideran estratégico: volver a las listas cerradas para congreso, Concejos y Asambleas.

 

La lista cerrada dejó de ser obligatoria en 2003. En ese año, los conservadores apoyaron al entonces ministro del Interior en su proyecto de aumentar el umbral electoral a cambio de permitir la elaboración de listas con voto preferente. A diferencia de las cerradas, en las que los candidatos se presentan en un orden establecido por el partido, en las de voto preferente el número de votos de cada aspirante determina su lugar en la lista. Eso implica que las posibilidades de obtener una curul no tienen que ver con el lugar que ocupe en el tarjetón.

 

Los conservadores y la mayoría de los parlamentarios argumentaban a favor del voto preferente que las listas cerradas iban en contravía de la democracia partidista, puesto que los directivos determinaban con el mecanismo del ‘bolígrafo’ quién debía encabezarlas. Sin embargo, 15 años después, es claro que el voto preferente no mejoró la democracia interna de las colectividades. Un miembro de la misión electoral, la lógica resultó al revés y quedó en evidencia que la lista cerrada es la que obliga a la democracia interna al generar discusiones sobre cómo organizar listas y las listas cerradas promueven liderazgos, pues para que un candidato gane el privilegio de estar en los primeros puestos además de votos debe tener buena imagen, lo cual logra por medio de un buen desempeño político.

 

El principal defecto de las listas de voto preferente es que contradicen la existencia de partidos sólidos. Mientras en las cerradas importa sobre todo lo que representa el logo y la propuesta de cada partido, en las de voto preferente los candidatos compiten internamente por lograr una curul. En plata blanca, eso significa que más que defender posiciones partidistas, los candidatos tienen que diferenciarse de sus propios compañeros de lista para ganar. Los escasos ejemplos recientes de bancadas con posiciones unánimes en el congreso las del centro democrático y el Mira se deben a que sus parlamentarios vienen de listas cerradas.

 

Los candidatos deban competir con los de los otros partidos, y con los del suyo propio, aumenta los costos de las campañas. Si hace 15 años lanzarse al Senado costaba 100 millones de pesos, hoy cuesta 1.000, asegura un parlamentario que lleva cuatro periodos en el congreso. Además de quitarles posibilidades a quienes no tienen plata, el mayor costo de las campañas les abre las puertas a más casos de corrupción, pues muchos aspirantes buscan financiar sus candidaturas con aportes de contratistas o de privados con intereses específicos en el Estado. Finalmente, el voto preferente va en contravía del voto programático. Para un ciudadano es más fácil identificar el planteamiento ideológico de un candidato que de decenas.

 

Durante años pareció imposible volver al esquema de lista cerrada. Excepto por los costos de las campañas, los congresistas han estado cómodos con la opción del voto preferente. No en vano ha permitido a muchos con votos, pero sin reconocimiento para encabezar listas, entrar a la Cámara y el Senado. Sin embargo, esta vez el propio desprestigio de la política los ha obligado a repensar el tema. Varios ya mencionan que es preferible apostarle ahora a un cambio profundo en la manera de ser elegidos, a seguir perdiendo credibilidad y los tranquiliza la propuesta de que las listas cerradas comiencen a ser obligatorias en las elecciones locales y regionales de 2019 y no en las parlamentarias de 2018.

 

El último intento por impulsar las listas cerradas tuvo lugar en 2015, cuando el congreso comenzó a tramitar la reforma de equilibrio de poderes. En ese entonces, quienes más se opusieron a la imposición de las listas cerradas, a pesar de venir de una de ellas, fueron los miembros del centro democrático A ellos se sumaron los conservadores, a quienes el esquema de listas cerradas no les conviene porque desde hace años su presencia en el Senado se debe a los feudos políticos regionales. Por la falta de consenso, el Senado tumbó la obligatoriedad de las planchas cerradas. Creo que la listas cerradas son retrocesos a las nuevas figuras politicas por que los amigos caciques dejen en desventaja alas nuevos directivos que tiene excelente gestión.


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