El Halloween como incursión cultural | Opanoticias
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Un amigo me dice que debería escribir algo en contra del Halloween y yo le digo, que el nombre me parece horroso como tantas cosas ajenas, pero que de resto no le veo nada malo. Le digo que es algo que se realiza en comunidad, con amigos, familiares y vecinos, mis hijos siempre salieron a pedir dulces con otros niños y lo gozaban. El me contesta que no, que eso es lo de menos, que lo malo es que se festeja el mal, la tiniebla, la muerte, las brujas, el diablo, el miedo, todo lo opuesto a nuestra fe que exalta el bien, la luz, la vida, la bondad, la amistad con Dios, la paz. Yo le digo que apoyar a Vargas Lleras y a la Uribestia no es culpa de los niños.

 

Pero igual le digo que ganan los comerciantes (aunque ellos siempre ganan, asi vivan quejándose) y a veces gana la “creatividad” en el diseño de las vitrinas en donde despliegan máscaras monstruosas, calabazas, telarañas y demás parafernalia macabra. Además un poco de gente coge oficio en  las ‘redes sociales’ y comienzan a ocuparse del tema y hay quienes lo defienden furiosamente y quienes lo atacan con no menos furor. Igual, le digo que ganan los niños cuando se disfrazan, juegan  y reciben dulces y golosinas. El responde, que hoy en día es riesgoso aceptar dulces de origen desconocido, pueden contener droga; que a los niños les afecta consumir tanta azúcar.

 

Es evidente que desde el punto de vista espiritual, lo malo pesa más, como pasa con los divorcios. Pero como los almacenes, el cine y la televisión que difunden el Halloween, no suelen regularse  por criterios de fe, esta fiesta aparentemente llegó para quedarse. Le digo a mi amigo, que vuelve y juega el problema de siempre; todos critican pero nadie hace nada. Por ejemplo, por que las comunidades  católicas no se esfuerzan, por realizar en la víspera de Todos los Santos, una fiesta en la que se invita a los niños a ir vestidos de santos, a participar en juegos alrededor de los valores y se reparten dulces y golosinas. Parece que la ideología y culturas que ha ejercido el país del norte sobre nosotros están definiendo nuestras vidas.

 

Por ejemplo, ese afán de querer obligarnos a celebrar el Día de San Valentin o de imponernos un Santa Claus con un paisaje de renos y nieve, es absurdo. Todo esto nos ha llevado a la transculturación, sincretismo y aculturación a personas que siguen tradiciones extraídas de otras partes del mundo y que tomamos como nuestras. Falta de valores y conciencia cultural sobre lo nuestro, han llevado a que tomemos como propio lo que nunca ha sido, proceso por el cual el contacto continuo entre dos o más sociedades diferentes genera un cambio cultural que podría suponer la pérdida o transformación de los rasgos culturales. Se pierde la real costumbre que se tendría que tener el día 31 de octubre como conmemoración de la víspera del Día de Todos los Santos.


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